Long-Term Care Archives - Ñî¹óåú´«Ã½Ò•îl Health News /es/tag/long-term-care/ Ñî¹óåú´«Ã½Ò•îl Health News produces in-depth journalism on health issues and is a core operating program of KFF. Tue, 15 Sep 2026 17:19:56 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.9 /wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Long-Term Care Archives - Ñî¹óåú´«Ã½Ò•îl Health News /es/tag/long-term-care/ 32 32 257378068 Cuando un amigo se convierte en cuidador /es/noticias-en-espanol/cuando-un-amigo-se-convierte-en-cuidador/ Sun, 13 Sep 2026 12:12:51 +0000 /?p=2284715 Durante varios años, Nicole Straight y Patricia Wood, que vivían una frente a la otra en Sausalito, California, fueron más vecinas que amigas: intercambiaban saludos cordiales y, de vez en cuando, tomaban un café.

Luego, en octubre pasado, Wood se cayó, se fracturó el cuello y pasó tres meses en rehabilitación. Cuando volvió a la casa que comparte con su sobrina, ya no podía caminar sin ayuda. “Todavía no me animo a subir o bajar escaleras si no hay alguien conmigo”, dijo Wood, de 93 años.

Esta situación redefinió el vínculo con su vecina. Straight, de 53 años, chef jubilada, ahora la visita todas las semanas: le lleva café con leche, galletas y, a menudo, lo que quedó de las cenas que prepara.

El esposo de Straight instaló una barra de apoyo en el baño de Wood, colocó estantes y cambió las bombillas y las baterías de los detectores de humo. Los mensajes de texto van y vienen constantemente.

Straight llama para decir: “Voy al supermercado, ¿necesitas algo?”. Wood, que ya no conduce, le da una lista de compras.

“Es un regalo del cielo”, dijo Wood, ejecutiva de seguros jubilada. “Hablamos y hablamos. A veces se nos escapan algunas lágrimas, pero sobre todo nos reímos. Nunca pensé que tendría una nueva mejor amiga a esta altura de mi vida”.

El cuidado de las personas mayores, tradicionalmente considerado una responsabilidad familiar, está evolucionando para adaptarse a cambios demográficos que ya no garantizan que se pueda depender de cónyuges o de hijos.

“El número de adultos mayores que nunca se casaron o están divorciados ha ido aumentando, por lo que tenemos más personas envejeciendo solas”, dijo Deborah Carr, socióloga de la Universidad de Boston que ha investigado estas tendencias.

“La proporción de personas sin hijos, por elección o no, también está aumentando”, agregó, y las familias que sí tienen hijos tienen menos que en generaciones anteriores.

Las distancias geográficas o los también contribuyen a la necesidad de otros tipos de cuidadores, y esos roles pueden ser asumidos por amigos o vecinos.

¿Con qué frecuencia los amigos llenan esos vacíos de cuidado? Un estudio publicado recientemente en JAMA Network Open, realizado por investigadores de la Universidad de Michigan, analizó el , generalmente en funciones complementarias.

Los investigadores utilizaron datos del National Health and Aging Trends Study, en el que más de 2.600 adultos mayores con limitaciones de salud —con una edad promedio de 79 años— identificaron a amigos y familiares que los ayudaban.

Los familiares eran quienes con mayor frecuencia cuidaban a sus parientes mayores, pero alrededor del 14% de los participantes también identificó a amigos, incluidos vecinos. Los autores estimaron que eso representa 2.4 millones de amigos cuidadores en todo el país.

El año pasado, una de AARP y la National Alliance for Caregiving estimó que el 11% de los cuidadores brindaba apoyo a personas que no eran familiares.

“Los amigos están entre los cuidadores auxiliares que no han sido reconocidos”, dijo Karen Fingerman, gerontóloga de la Universidad de Texas-Austin y coautora de un comentario que acompañó el estudio. “Pasamos por alto los sacrificios que hacen”.

El estudio, que se considera el primer análisis a nivel nacional sobre amigos que cumplen funciones de cuidado, encontró que actúan de manera diferente a los familiares. Por ejemplo, es poco probable que vivan con la persona a la que ayudan y rara vez son sus únicos cuidadores.

“Brindan menos horas de cuidado”, dijo Yee To Ng, gerontólogo y autor principal del estudio, que halló que los amigos ofrecían en promedio 18 horas de ayuda al mes, frente a unas 67 proporcionadas por familiares.

Pero a veces hacen más cosas

“Los amigos tienen más probabilidades de proporcionar transporte”, dijo Ng. Dos tercios de estos cuidadores llevan a sus amigos en auto a distintos lugares. Ayudar con  las compras, impulsarlos a salir de casa, preparar comidas y acompañarlos a citas médicas completan las cinco tareas más frecuentes.

Pero a veces hacen más.

Czes Ferrino, de 82 años, es viuda y vive sola en Westerly, Rhode Island. No tiene problemas de salud incapacitantes, pero cuando hace poco su auto dejó de funcionar, su vecino de al lado la acompañó a varios concesionarios Subaru para buscar un vehículo usado.

“Me guió durante todo el proceso como lo haría un hijo con su madre o su abuela”, contó Ferrino.

Por otra parte, “hay algunas tareas para las que los amigos quizás no estén bien preparados o no se sientan cómodos”, dijo Ng. El cuidado personal, como bañar o vestir a alguien, sigue siendo en gran medida responsabilidad de los familiares.

“Eso puede afectar la autoestima de las personas”, dijo Ng. “Con la familia, aceptamos que cuando estás realmente enfermo, ellos se hacen cargo de las actividades más íntimas. Es vergonzoso que tus amigos tengan que ayudarte a usar el baño”.

Los investigadores también encontraron que quienes mencionaron a amigos como cuidadores eran más jóvenes que quienes solo tenían familiares en ese papel, y tenían más probabilidades de contar con títulos universitarios. Las personas con mayor nivel educativo tienen redes sociales más amplias, dijo Fingerman.

Quienes recibían ayuda de amigos también tenían, como era de esperar, menos probabilidades de estar casados y más probabilidades de vivir solos, como Ann Greenwater, de 84 años, quien vive en una comunidad de casas móviles en una zona rural del condado de Humboldt, en California.

Se manejó de forma independiente hasta hace unos años, cuando un dolor de espalda intenso la dejó postrada en cama durante casi tres meses. Aunque ahora puede moverse y encargarse de la limpieza, la cocina y su cuidado personal, “en realidad nunca me recuperé del todo”, dijo Greenwater.

Es soltera, no tiene familia, solo un sobrino lejano al que apenas conoce, y dejó de conducir. Pero un grupo de amigos a quienes conoce de un centro budista zen cercano ha dado un paso al frente.

Milli Quam, de 86 años, lava su ropa y se la lleva, y a veces recoge medicamentos de camino. Otra persona de 73 años ayuda a Greenwater con la computadora y, junto con varios otros amigos, la lleva a hacer las compras o compra por ella. Miembros de una organización local de voluntarios la llevan a sus citas médicas.

“Quiero a Ann y me alegra que haya algo concreto que pueda hacer”, dijo Quam. “Espero poder seguir haciéndolo durante mucho tiempo”.

Los amigos tienen algunas ventajas como cuidadores.

“Nuestros amigos tienen nuestra misma edad y entienden lo que estamos atravesando”, dijo Carr. “Pueden tener más empatía y, a veces, conocimientos reales que han adquirido”.

Cuando también hay familiares cuidando, la ayuda de los amigos puede reducir su carga.

Pero los amigos también pueden ser una fuente de ayuda menos estable. Los vecinos se mudan. Pueden surgir tensiones si la persona que necesita cuidados se vuelve demasiado exigente o se siente culpable por aceptar ayuda, lo que puede desafiar las expectativas de igualdad propias de las amistades.

Un estudio dirigido por Carr encontró que la depresión en personas con limitaciones físicas.

Tampoco existe mucho respaldo de políticas públicas para estas relaciones de cuidado. Por ejemplo, la Ley federal de Licencia Familiar y Médica “salvo escasas excepciones, no ofrece licencia laboral con protección del empleo para cuidar a un amigo con una afección de salud grave”, dijo por correo electrónico Laura Lawless, abogada especializada en derecho laboral y empleo de Squire Patton Boggs.

“Con la familia, la expectativa es estar juntos ‘en las buenas y en las malas’”, dijo Carr. “Existe un enorme estigma asociado a estar distanciado de la familia, pero es bastante normal que algunas amistades simplemente se desvanezcan”.

En Sausalito, Wood le dice a Straight que “no tiene permitido mudarse hasta que yo muera”. Está bromeando… más o menos.

Los amigos de Greenwater en el condado de Humboldt tampoco han desaparecido, algo por lo que ella está agradecida. Pero están envejeciendo junto con ella; Quam dijo que, a sus 86 años, probablemente también deje de conducir dentro de no mucho tiempo.

“Me pregunto qué pasará cuando estos amigos ya no puedan venir a verme”, dijo Greenwater. “Supongo que lidiaremos con eso cuando llegue el momento”.

The New Old Age se produce a través de una colaboración con .

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El “tsunami” de casos de Alzheimer entre latinos plantea inquietudes sobre el cuidado y los costos /es/aging/el-tsunami-de-casos-de-alzheimer-entre-latinos-plantea-inquietudes-sobre-el-cuidado-y-los-costos/ Fri, 17 Feb 2017 12:27:28 +0000 http://khn.org/?p=700535 SACRAMENTO, Calif. — A Florence Márquez le gustaba describirse a ella misma como una trabajadora de fábrica de conservas, a pesar que era conocida en su latinísimo vecindario del este de San José como una activista comunitaria.

Ella caminó junto a César Chávez en el movimiento de trabajadores agrícolas durante los años 60 y 70. Ayudó a construir viviendas asequibles para familias pobres cerca de su iglesia local.

Pero hace ocho años, Florence, ahora de 86, no pudo encontrar su camino a la casa en la que había vivido durante 50 años. “Fue cuando supimos que necesitaba atención las 24 horas”, dijo su hija mayor, Barbara Márquez, de 61 años.

Florence fue diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer, que le robó su memoria y su feroz independencia. A lo largo de los Estados Unidos, historias como Florence Márquez se están convirtiendo en más comunes, particularmente entre los latinos, la minoría de más rápido crecimiento en el país.

Sin una cura a la vista, se espera que el número de latinos con Alzheimer aumente más de ocho veces para 2060, a 3.5 millones, según del Edward R. Roybal Institute on Aging de la Universidad del Sur de California (USC) y de la red Latinos Against Alzheimer.

La edad avanzada es el principal factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer y la posibilidad de desarrollar el mal se duplica cada cinco años después de los 65. Los latinos son al menos 50% más propensos que los blancos no hispanos a tener Alzheimer, en parte porque viven vidas más largas, destaca el informe.

Barbara Marquez visits her mother Florence Marquez at her nursing home on Friday, December 2016. Barbara was her mother’s primary caregiver until the family decided to put their mother in a 24-hour care facility. (Heidi de Marco/KHN)

“Este es un tsunami en marcha”, dijo el doctor William Vega, uno de los autores del informe y director ejecutivo del Roybal Institute. “Si no encontramos medicamentos innovadores, vamos a enfrentar una terrible crisis financiera”.

Esa marea de casos de Alzheimer está provocando algunas conversaciones difíciles en las familias latinas, que a menudo se enorgullecen de cuidar a sus ancianos en casa, en lugar de ponerlos en hogares para adultos mayores.

Esas charlas se presentan con mucha culpa, dijo Barbara Márquez. Hasta hace poco, Barbara era la principal cuidadora de su madre. Su hermana y su hermano ayudaban.

“Pero fue más de lo que yo podría haber previsto”, dijo Barbara, recordando las noches sin dormir mientras intentaba asegurarse de que Florence no se levantara y escapara. “Afecta tu salud, tu matrimonio. Así que buscamos ayuda”.

Alrededor de 1,8 millones de familias latinas en todo el país cuidan a alguien con Alzheimer y otros tipos de demencia, y mientras que el informe de la USC muestra que las familias latinas tienen menos probabilidades que los blancos no hispanos de usar servicios de atención formales, como un hogar, el cuidado institucionalizado se está convirtiendo en una opción más popular entre estas familias.

Entre 1999 y 2008, un 55%, una tasa que superó el crecimiento de la población latina en general durante ese período de tiempo, según una investigación publicada en julio de 2011 en Health Affairs.

A nivel nacional, el de los servicios básicos en un centro de asistencia es de $43,200 al año, según la Asociación de Alzheimer. Los cuidados anuales en hogares de ancianos son, en promedio, , más del doble.

Para muchas familias latinas, obtener ayuda externa no es ni siquiera una opción. A menudo es demasiado costoso para las personas mayores que no son elegibles para el Medi-Cal, la versión de California del Medicaid para personas de bajos ingresos, que generalmente paga por el cuidado de enfermería en hogares de ancianos. Los inmigrantes que están en el país ilegalmente no califican, ni tampoco las personas cuyos ingresos son demasiado altos.

Después de probar un programa de cuidado de ancianos fuera de la casa a unos $78 al día, Barbara y su familia pusieron a Florence en una residencia para ancianos de la zona de Sacramento, donde ha estado viviendo durante el último año.

 Recursos en baja

La decisión de institucionalizar a Florence Márquez dejó a sus hijos no sólo sintiéndose culpables, sino también con una economía tambaleante por los elevados gastos. El cuidado de su mamá ahora cuesta de $3,000 a $4,000 por mes, dijeron. Pagan extra por servicios especializados.

Florence actualmente no califica para el Medi-Cal, por lo que la familia Márquez vendió la casa de su madre en San José para pagar por su atención. “Pero esos recursos están disminuyendo”, dijo Barbara. “¿Qué vamos a hacer cuando se acabe el dinero?”.

El informe de la USC estima que el impacto económico acumulado de la enfermedad de Alzheimer entre los latinos llegará a $ 2,35 mil billones en 2060. Esta cifra incluye los costos de atención médica y de largo plazo, así como la pérdida de ingresos de los miembros de la familia, y de las propias víctimas del Alzheimer, según el estudio.

Gustavo López, de Chicago, se preocupa por su madre, Agustina López, de 76 años, diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer hace siete años.

Gustavo, de 48 años, y sus cuatro hermanos buscaron un centro de asistencia, pero no pudieron solventarlo. Agustina, después de vivir en las casas de todos sus hijos, eventualmente se quedó con Gustavo, el más joven.

Marquez, 85, was diagnosed with Alzheimer’s disease eight years ago. She lived in the same house for 50 years, but one day she couldn’t find her way back home. (Heidi de Marco/KHN)

Cuando Gustavo asumió por primera vez el papel de cuidador principal, su madre todavía hacía la mayoría de las cosas por su cuenta, dijo. Pero ahora depende de él para comer, bañarse, vestirse y tomar su medicación.

Así que Gustavo necesita un empleo con horario flexible. Ha estado trabajando principalmente como camarero. Han aparecido otras oportunidades de empleo, algunos con mejor salario, pero el cuidado de su madre está primero, dijo.

 Pidiendo ayuda

Gustavo recibe ayuda de amigos de la familia que vigilan a su madre mientras está en el trabajo. También encontró Casa Cultural en Chicago, una agencia de servicios sociales que ofrece un programa de día para personas mayores. Puede dejar a su mamá en el centro por unas horas, lo que le da un respiro.

Programas gratuitos o de bajo costo como éstos están disponibles en muchas comunidades, pero las familias necesitan investigar y pedir ayuda, dijo Constantina Mizis, presidenta de la , con sede en Chicago.

La alianza, formada en 2009, se centra en los miembros de la familia que son los principales cuidadores. Mizis dijo que ha conocido a muchos cuidadores que están al borde de quebrarse. La organización sin fines de lucro les ofrece capacitación, ayuda para encontrar recursos para impulsar su propio bienestar, y participación en eventos comunitarios para las familias.

Al buscar apoyo, el mejor lugar para comenzar es en un grupo o centro comunitario local: una iglesia, una organización sin fines de lucro, una oficina de United Way o el capítulo local de la Asociación de Alzheimer, por ejemplo, dijo Mizis. Es probable que estos grupos refieran a los cuidadores a la del condado o al Departamento de Envejecimiento del estado.

Allí, se les asigna a las familias un trabajador social que puede discutir qué beneficios están disponibles. Si un paciente de Alzheimer califica para Medicaid [Medi-Cal en California], estos beneficios podrían incluir capacitación para cuidadores y pago a través de programas de “efectivo y consejería”. Los de California es uno de esos programas. Sin embargo, los beneficios y la elegibilidad varían según el estado.

En 2010, la Administración del Seguro Social reconoció al Alzheimer de inicio temprano como una condición médica elegible para los ingresos por discapacidad. Eso podría ayudar a las personas cuya enfermedad de Alzheimer se diagnostica antes de los 65 años, pero muchas familias latinas no son conscientes de esto, dijo Mizis.

Un impulso para la concientización

Debido a que los latinos son más propensos a usar opciones de atención informales y más asequibles, el informe de la USC pide mejorar la capacitación y los recursos para las familias, tanto en inglés como en español.

Entre los cuidadores que optan por mantener a un padre con Alzheimer en casa está Julia García, de Houston, Texas. Ella se rota con sus tres hijas adolescentes y adultas para cuidar a su madre, Marcela Barberena, de 85 años, quien fue diagnosticada con la enfermedad el año pasado.

Julia, que no estaba familiarizada con el Alzheimer, pensó que el olvido y el comportamiento infantil de su madre se debían a la edad.

“Demasiado a menudo la gente ve al Alzheimer como resultado de la vejez, pero la enfermedad que deteriora el cerebro no es natural”, dijo Vega, coautor del informe de la USC.

Barbara visits her mother almost every weekend. Her mother’s care now costs $3,000 to $4,000 per month, says Barbara. (Heidi de Marco/KHN)

Julia García dijo que se dio cuenta de que era algo más serio cuando su madre tomó un micro desde el aeropuerto internacional de Houston sin saber su destino.

“Habíamos acordado que la recogería, pero ella se fue por su cuenta”, dijo Julia. “Terminó en el centro de la ciudad. Fue el momento más espantoso de mi vida”.

Como nueva cuidadora, Julia se acercó a la sede local de la Asociación de Alzheimer para obtener información. Aunque algunos recursos están disponibles en español en el capítulo de Houston, Julia notó que muy pocos latinos asistían a los talleres informativos o a las clases.

Lo mismo ocurre con los medios en español, que proporcionan poca información sobre la enfermedad. “Rara vez se oye nada en la televisión o en la radio”, dijo.

Muchos latinos, incluyendo las familias de Márquez, López y García, no saben sobre los ensayos clínicos y cómo pueden ayudar a sus seres queridos.

Los latinos están subrepresentados en los ensayos clínicos patrocinados por los Institutos Nacionales de Salud: representan el 17 por ciento de la población de los Estados Unidos, pero sólo el 7,5 por ciento de los participantes en los 32 centros de investigación de Alzheimer financiados por los INS en todo el país, según el informe de Roybal.

Los voluntarios latinos son importantes para ayudar a los investigadores a desarrollar tratamientos para el Alzheimer que funcionen para todos los grupos étnicos, según el informe de USC.

“Por eso es tan importante invertir en la educación de estas comunidades”, dijo Mizis.

Su grupo ayuda a entrenar promotoras o educadores comunitarios de salud en regiones con grandes comunidades latinas, incluyendo San Francisco, Los Ángeles, Baltimore y Nueva York. Al ir de puerta en puerta, las promotoras educan a las familias sobre la enfermedad.

“Veo de primera mano cuánto necesitan ayuda nuestras comunidades”, dijo Mizis. “Y esta necesidad sigue creciendo”.

Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorial independiente de la .

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