En algunas áreas de Florida, la violencia con armas de fuego impacta más en niños latinos y afroamericanos

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A man walks by a mural along Myrtle Avenue in Jacksonville, Florida, on Sept. 21, 2023. Residents have felt the pain of gun violence ripple through their community: Three Jacksonville ZIP codes rank among the 10 worst in the state for firearm injuries involving children. (Joshua Lott/The Washington Post via Getty Images)

JACKSONVILLE, Florida — Justo al oeste del río St. Johns, que divide racial y económicamente esta extensa ciudad, A’mahri Robinson, de 2 años, fue asesinado en brazos de su madre.

En marzo, Ladonna Johnson estaba meciendo a A’mahri para que se durmiera cuando recibió un disparo en la cabeza con un arma que la mujer tenía para protegerse.

A’mahri adoraba salir al aire libre y pasear con su carrito. Su madre describió al pequeño como “dulce” y “cariñoso”. Cuando estaba cerca, dijo, “simplemente se sentía amor”.

El niño tenía una relación cercana con Steven Dodson Jr., el novio de su madre, quien había tomado el arma durante una discusión. En junio, Dodson, de 21 años, de asesinato y abuso infantil agravado y fue condenado a cadena perpetua.

A’mahri murió en uno de los lugares más violentos de Florida para los niños: Jacksonville. Esta ciudad tiene tres códigos postales que se encuentran entre los 10 peores del estado en cuanto a lesiones por armas de fuego en menores.

Cada año, cientos de niños son hospitalizados en Florida por heridas de bala y, en una proporción abrumadora, provienen de un número muy reducido de códigos postales, según halló un análisis exclusivo de datos hospitalarios realizado por ýҕl Health News y The Trace.

Los datos de facturación obtenidos de la Florida Agency for Health Care Administration muestran que, entre 2018 y 2024, más de 4.000 menores de 17 años o menos fueron hospitalizados por lesiones causadas por armas de fuego: alrededor de 1.5 por día.

Las redacciones recopilaron datos que los hospitales del estado utilizan para cobrar a las compañías de seguros o al gobierno. La información no identifica a los pacientes, pero incluye detalles sobre dónde vivían, además de su edad, raza y otros datos demográficos.

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A’mahri Robinson, de 2 años, fue asesinado mientras estaba en brazos de su madre en marzo. (Ladonna Johnson)

El número de niños asesinados en Jacksonville ha crecido tanto que , Families of Slain Children, construyó un monumento llamado “Wall of Compassion” —Muro de la Compasión— que contiene los nombres de cientos de personas muertas por disparos en la ciudad. Los organizadores instalaron un segundo muro cercano que ya se está llenando de nombres.

Las cifras reflejan cómo la larga historia de discriminación racial de Florida y sus leyes permisivas sobre armas de fuego perjudican la salud pública, según investigadores, funcionarios, activistas comunitarios y padres que han perdido a sus hijos.

En Jacksonville, los niños recibieron disparos con mayor frecuencia en vecindarios racialmente segregados, un legado de la discriminación promovida por el estado a principios del siglo XX en la vivienda, la banca y la inversión.

En la actualidad, estas zonas sufren la contaminación de antiguos incineradores de basura administrados por la ciudad, terrenos llenos de desperdicios, viviendas deterioradas, pobreza y otros problemas que los líderes locales llevan más de 50 años prometiendo solucionar.

Casi todos los códigos postales de Florida con las tasas más altas de lesiones por armas de fuego entre niños tienen grandes poblaciones afroamericanas o latinas.

Quizás en ningún otro lugar sea tan evidente el impacto de la violencia armada como en UF Health Jacksonville, un hospital de la red de seguridad y el único centro de trauma de nivel I del noreste de Florida.

Como jefe de cirugía de cuidados agudos, ve de primera mano el daño causado por las armas.

“Lo ves día tras día”, dijo Madbak. “Trabajo esta noche y sospecho que veré a un par de víctimas”.

, pediatra de UF Health y ex director de salud del condado de Duval, que incluye Jacksonville, dijo que los líderes estatales y locales no han abordado lo que denominó las “causas fundamentales” de las lesiones y muertes prevenibles por armas de fuego, como la pobreza, la falta de oportunidades y el abandono.

“La conclusión es que a nadie le importan una m… estos jóvenes”, dijo Goldhagen.

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La organización sin fines de lucro de Jacksonville “Families of Slain Children” ha construido un monumento llamado “Muro de la Compasión”, que recoge los nombres de cientos de personas que han perdido la vida a causa de la violencia armada en la ciudad. (Daniel Chang/ýҕl Health News)

Las víctimas de la violencia armada y sus familias enfrentan de depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y otros problemas de salud mental.

A lo largo de la historia de Estados Unidos, los gobiernos locales han ubicado plantas industriales, y autopistas en vecindarios negros, aun cuando las con mayores riesgos de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, cáncer, partos prematuros y violencia armada.

Sin embargo, el Departamento de Salud de Florida no considera a la violencia armada una amenaza para la salud pública, dijo Goldhagen, a pesar de que las armas de fuego son la de niños y adolescentes en el país.

El (State Health Improvement Plan), un conjunto de objetivos desarrollado por el departamento de salud y un comité asesor, no menciona las armas de fuego, el daño que causan a los niños ni medidas para reducir las muertes y lesiones entre los jóvenes.

En cambio, sus objetivos incluyen prevenir o reducir las muertes súbitas e inesperadas de bebés y los ahogamientos de jóvenes, las visitas a las salas de emergencia por accidentes automovilísticos y las hospitalizaciones por lesiones cerebrales traumáticas.

Ninguna de las personas con autoridad para abordar esta crisis de salud pública aceptó hablar con ýҕl Health News sobre la violencia armada y su impacto en los niños de Jacksonville: ni el Departamento de Salud de Florida, ni el gobernador Ron DeSantis, ni la alcaldesa Donna Deegan, ni 18 de los 19 miembros del Concejo Municipal de Jacksonville.

Solo respondió el concejal Jimmy Peluso. Dijo que durante mucho tiempo la ciudad ha ignorado las necesidades de los vecindarios con altas tasas de lesiones por armas de fuego entre niños.

“Muchos de estos vecindarios simplemente sienten que la riqueza los abandonó”, dijo, “y la ciudad no llegó para hacer todo el trabajo que necesitaban”.

DeSantis, republicano, ha pedido públicamente pocas restricciones sobre la manera en que las personas compran o portan armas. que permite a los residentes de Florida portar armas ocultas sin permiso.

Cuando el entonces cirujano general de Estados Unidos, Vivek Murthy, declaró en 2024 que la violencia con armas de fuego era una crisis de salud pública, DeSantis calificó la advertencia como un .

DeSantis dijo que Florida no seguiría las recomendaciones, que incluían políticas como verificaciones universales de antecedentes para la compra de armas y requisitos para su almacenamiento seguro.

Molly Best, vocera de DeSantis, rechazó una solicitud de entrevista y no respondió preguntas sobre las políticas del gobernador sobre las armas.

“No existe una agenda para poner fin a la violencia armada en el estado de Florida”, dijo Jean Francis, ex enfermera pediátrica que dirige el capítulo de Jacksonville de Moms Demand Action, parte de una organización sin fines de lucro que promueve leyes más estrictas sobre armas de fuego.

Investigaciones han vinculado el aumento de las muertes de menores por armas de fuego entre 2011 y 2023 con las políticas estatales sobre armas.

Los estados con políticas permisivas, como las leyes de “stand your ground” —que permiten usar fuerza letal en determinadas circunstancias— y las que permiten portar armas abiertamente, registraron tasas más altas de muertes de niños por armas de fuego que los estados con regulaciones más estrictas, como restricciones sobre las armas y la edad, según un estudio publicado en .

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Kim Crow es la abuela de Bryce Williams, quien falleció a los 17 años tras recibir un disparo en un parque de un vecindario de un suburbio de Orlando en 2018. Crow afirma que la muerte de su nieto ha dejado un vacío en su vida. “Ya no soy la misma”, dijo. (WFTV)

El estudio ubicó a Florida entre un grupo de 30 estados con las políticas sobre armas más permisivas. Cuatro estados con leyes estrictas similares —California, Maryland, Nueva York y Rhode Island— registraron una disminución de las muertes de menores por armas de fuego durante el mismo período.

La impide que las ciudades y los condados adopten medidas de seguridad sobre armas más estrictas.

Las muestran que los niños que viven en vecindarios desfavorecidos tienen hasta 20 veces más probabilidades de sufrir heridas por armas de fuego que sus pares en las zonas con mayores ventajas socioeconómicas.

“Es desalentador”, dijo Madbak. UF Health Jacksonville atendió en 2024 a 255 pacientes con heridas de bala, incluidos 32 de 17 años o menos, dijo.

En 2025, el hospital atendió a 269 pacientes por lesiones causadas por armas de fuego, incluidos 22 menores de 18 años, según Dan Leveton, vocero del hospital. Hasta el 19 de agosto de este año, el hospital había atendido a 137 pacientes por heridas de bala, incluidos 18 de 17 años o menos.

Prevenir la violencia armada “no debería ser un tema político, aunque lo es”, dijo Madbak, y agregó que hay mucho margen para una defensa más efectiva de las medidas de prevención de la violencia.

“Es realmente un problema estadounidense”, dijo Madbak, “y nuestro estado se ha visto tremendamente afectado por este tipo de violencia”.

El dolor de madres, abuelas y tías

En Orlando, un código postal —32805— tuvo la tasa más alta del estado de menores de 18 años hospitalizados por heridas de bala entre 2018 y 2024: un total de 25 menores, o 125,8 por cada 100.000 habitantes.

El día de Año Nuevo de 2018, Bryce Williams, de 17 años, en un parque de Casselberry, un suburbio de Orlando. Fue encontrado muerto después de que su Kia azul se estrellara contra una casa cerca del parque.

La muerte de Williams devastó a su familia, contó su abuela, Kim Crow, a WFTV en Orlando.

“Primero, no puedes creer que alguien te haya sido arrebatado de una manera tan violenta”, dijo Crow. “Es desgarrador”.

En abril, Daesean Moctezuma Orland, de 18 años, mientras asistía a una fiesta en una casa en las afueras de Orlando. Otras dos personas heridas en el tiroteo fueron trasladadas al hospital. La policía arrestó a un adolescente de 16 años aproximadamente un mes después y lo acusó de la muerte de Moctezuma Orland.

Su abuela, Lizzy Moctezuma, dijo a WFTV que un amigo de su nieto la llamó a ella y a su hija, Noemi Moctezuma, para decirles que le habían disparado. Las mujeres recorrieron cuatro hospitales, incluido uno en Tampa, buscándolo.

“Mi vida cotidiana quedó destrozada”, dijo Lizzy Moctezuma. “Es difícil trabajar. Te sientas y ves las noticias. Y piensas: Dios mío, ahí hay otro niño que muere por la violencia con armas”.

“Es un agujero en el pecho, un agujero en la mente”, dijo Noemi Moctezuma. “Es como el vacío más grande que puedas imaginar, un vacío que ni siquiera los momentos más felices pueden llenar”.

Jacksonville, una ciudad de alrededor de 1 millón de habitantes, es particularmente peligrosa para los niños que viven en las zonas al norte y al oeste del centro.

Entre las víctimas se encuentran asesinado a tiros mientras jugaba frente a una casa; que recibió un disparo mortal cuando regresaba de una prueba de fútbol americano; y que murió por una bala perdida mientras estaba sentada en un auto estacionado.

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Iveliz Moctezuma, abuela de Daesean Moctezuma Orland, quien murió tras recibir un disparo a los 18 años durante una fiesta en una casa en Davenport, Florida, en abril. “Fue la noche más difícil de mi vida”, dijo. “Nos lo arrebataron”. (Keary Croskrey/WFTV)

Defensores de las víctimas dijeron que la violencia armada ha destruido cualquier sensación de normalidad para familias y vecindarios enteros. Las madres en duelo temen los fuegos artificiales y otros ruidos fuertes que se parecen a disparos. Dijeron que mientras lidian con sus propias emociones, a veces tienen dificultades para ayudar a sus otros hijos a afrontar la pérdida.

“Cuando escuchas sus historias, piensas: ‘Esto es lo peor que he oído en mi vida’”, dijo Francis, “hasta que escuchas la siguiente”.

Horas después de graduarse de Raines High School en Jacksonville en mayo de 2022, , de 18 años, fue asesinado a tiros cuando llegaba a la celebración de un amigo. Fields estaba entrando a la fiesta cuando se acercó un auto y alguien abrió fuego, contó su madre, Yvonne Fields, a Action News Jax.

Fields, defensa de línea del equipo de fútbol americano de su escuela secundaria, había recibido una beca completa para jugar en Keiser University, en West Palm Beach. Sus padres estaban organizando una fiesta para el día siguiente para celebrar su graduación.

“Todo el mundo lo quería”, dijo Yvonne Fields sobre su hijo menor, a quien describió como “el alma de la fiesta”.

“A Rashaud le encantaba bailar. Contaba chistes. Era divertido”, dijo Fields.

En ese momento, Rashaud Fields era al menos la novena víctima de homicidio de entre 17 y 19 años en la ciudad ese año, según el periódico local . Yvonne Fields dijo que ha mantenido la habitación de su hijo exactamente como él la dejó el día de su muerte. Todos los días huele una de sus camisetas.

“Sé que no va a volver”, dijo, “pero puedo sentir su espíritu”.

Dos días después de celebrar su cumpleaños número 18, Maurice Hobbs murió baleado en enero de 2017 mientras esperaba que su madre fuera a recogerlo.

“Yo estaba a menos de una cuadra”, dijo Latasha Hobbs a Action News Jax.

Cantante, rapero y poeta, Maurice Hobbs quería dedicarse a la música y lanzar una línea de ropa. Soñaba con ganar suficiente dinero para regalar una casa a cada integrante de su familia, para que todos pudieran vivir en la misma calle.

Su madre recordó que celebraron su cumpleaños con pastel y bailando en la cocina, y también recordó su reacción al cumplir 18 años.

“Me dijo: ‘Dios mío, mamá, llegué a los 18’”, contó Latasha Hobbs. “Así que es difícil aceptar que mi bebé no llegó a los 19. No es justo. Mi bebé merece estar aquí”.

Pamela Howard lleva casi dos décadas luchando con el dolor por el asesinato de su hijo Derrell Baker, a los 17 años.

Howard, madre de cinco hijos, describió a su hijo como un joven enérgico y un pilar para sus hermanos menores. Baker se destacaba en el fútbol americano, dijo, y estaba encaminado a graduarse de la secundaria a pesar de tener un trastorno grave por déficit de atención e hiperactividad.

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Yvonne Fields, de Jacksonville, habla sobre la muerte de su hijo, Rashaud Fields, de 18 años, quien murió tras recibir un disparo en mayo de 2022 durante una fiesta de graduación de secundaria. (Kevin Jordan/Action News Jax)

Alguien le disparó a Baker en septiembre de 2008 mientras caminaba hacia la escuela. Una persona que pasaba por el lugar lo encontró al costado de la carretera.

Howard pensaba que Baker estaba en la escuela y luego en la práctica de fútbol americano. La familia se enteró de que algo podía haber sucedido solo cuando uno de sus hermanos escuchó que le habían disparado.

Howard llamó a hospitales de la zona buscando a su hijo. Cuando finalmente lo encontró en UF Health Jacksonville, ya era demasiado tarde: había muerto horas antes.

“No recuerdo nada después de que me dijeron” que había muerto, dijo Howard. “Mis amigos dicen que solo me escucharon gritar”.

Para Fields, Hobbs y Howard, la muerte repentina e inesperada de sus hijos dejó una herida profunda. La falta de respuestas es dolorosa. La policía no ha realizado arrestos en ninguno de los casos.

“Cuando tenga justicia”, dijo Yvonne Fields, “quizás pueda encontrar un poco de paz”.

Principal causa de muerte

, jefe de cirugía pediátrica y trauma del Children’s Hospital de Philadelphia, dijo que debe existir voluntad en las capitales estatales para regular las armas de fuego y proteger a los niños de esta violencia.

Nance fue coautor de una publicada en JAMA Pediatrics que encontró que el número de estados en los que las armas de fuego eran la principal causa de muerte de niños y adolescentes aumentó de cero entre 2004 y 2008 a 24 entre 2019 y 2023.

Las muertes de niños en accidentes de auto, que alguna vez fueron la principal causa de muerte en ese grupo, han disminuido principalmente gracias a medidas de seguridad adoptadas por gobiernos y fabricantes de automóviles, dijo, desde normas sobre cinturones de seguridad y límites de velocidad hasta bolsas de aire y frenos antibloqueo.

“Ese progreso ha sido bastante generalizado en todo Estados Unidos”, dijo, “pero con las armas de fuego la situación varía enormemente de un lugar a otro”.

Las armas no están sujetas a estándares federales de seguridad, señaló Nance. No están reguladas por la Consumer Product Safety Commission, la agencia federal encargada de proteger al público de productos peligrosos, y no pueden retirarse del mercado como sucede con juguetes o automóviles inseguros.

“Realmente no hemos hecho casi nada para cambiar la trayectoria de las lesiones por armas de fuego entre los niños”, dijo Nance.

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Latasha Hobbs recibe un abrazo durante una concentración para poner fin a la violencia armada en Jacksonville, el 27 de agosto de 2018. Su hijo, Maurice Hobbs, murió tras recibir un disparo dos días después de celebrar su cumpleaños número 18, en enero de 2017. (Joe Raedle/Getty Images)

Goldhagen, el pediatra de UF Health, dijo que los líderes de Jacksonville intentaron abordar la violencia armada mediante Jacksonville Journey, una iniciativa lanzada en 2008 —cuando el condado de Duval tenía la tasa de homicidios más alta de Florida— durante la administración del ex alcalde John Peyton.

El programa, dirigido a niños en riesgo de violencia, ofrecía mentores, campamentos de verano, capacitación laboral y estrategias no policiales, como proyectos para mejorar los vecindarios y programas en centros comunitarios. Journey también colaboraba con la Oficina del Sheriff de Jacksonville en intervenciones dirigidas a pandillas y enfocadas en los jóvenes.

Las autoridades atribuyeron a la iniciativa una reducción de casi el 40% de los homicidios en el condado de Duval durante sus primeros cuatro años.

Después de que Peyton dejara el cargo en 2011, el presupuesto del programa, de aproximadamente $15 millones, se redujo a $8.6 millones en 2012 y a unos $2.3 millones en 2014. Reducido, el programa terminó combinándose con otra iniciativa infantil para formar , que utiliza fondos municipales, estatales y federales para financiar servicios para jóvenes y programas de intervención.

Duval es el único condado grande de Florida que no cuenta con un impuesto destinado específicamente a financiar servicios para niños, incluidos programas para reducir la delincuencia juvenil.

Los líderes de la ciudad creen que “la seguridad pública se trata de bomberos y policía, pero no de servicios sociales”, dijo Vicki Waytowich, directora ejecutiva de , una organización sin fines de lucro financiada mediante subvenciones y contratos que ofrece servicios de salud y justicia juvenil a niños y familias de Jacksonville.

“No existe absolutamente ninguna voluntad política de hacer algo que se parezca remotamente a un impuesto para financiar servicios infantiles”, dijo.

En 2024, el financiamiento de Cure Violence, un programa de prevención de la violencia armada que intentaba resolver conflictos entre jóvenes antes de que terminaran en tiroteos. Un informe de la Oficina del Inspector General de la ciudad señaló que el programa y de prácticas financieras adecuadas.

“Tenemos un sistema de salud pública que no aborda esto como un problema de salud pública o de salud de la población”, dijo Goldhagen.

Waytowich dijo que el crimen es un síntoma de problemas mucho más profundos en el norte de Jacksonville, desde el deterioro de los vecindarios hasta el trauma generacional y la falta de oportunidades laborales.

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Pamela Howard ha pasado casi dos décadas tratando de ayudar a la policía a encontrar a la persona que mató a su hijo Derrell Baker, de 17 años, mientras caminaba hacia la escuela en 2008. (Malcolm Jackson for ýҕl Health News)

“Realmente no tenemos los fondos para abordar las causas fundamentales”, dijo. “Lo que estamos haciendo es poner una curita sobre los problemas”.

A diferencia de Mandarin, un vecindario predominantemente blanco del sur de Jacksonville con fácil acceso a unos siete supermercados, los niños del norte de la ciudad tienen una alimentación deficiente, agregó Waytowich, y muchos caminan más de una milla para llegar a la escuela.

“Podemos ver que los niños no tienen esperanza”, dijo Waytowich. “Cuando los jóvenes creen que van a morir a los 21 años, ¿de qué sirven los talleres para establecer metas y preparar un currículum?”

En 2025, la alcaldesa de Jacksonville, Deegan, lanzó un programa para abordar la violencia armada llamado .

Pero, al igual que su predecesor, Journey Forward no cuenta con una fuente de financiamiento permanente y específica.

Un recuerdo difícil

Ladonna Johnson contó que, el 22 de marzo, terminó su relación con Dodson porque vio que él estaba compartiendo en su teléfono celular información sobre su ubicación con otras mujeres.

Johnson dijo que entró en una habitación donde A’mahri y su hermana estaban viendo televisión y sentó a su hijo en su regazo. Dijo que Dodson la siguió, entró en un clóset y sacó el arma.

“No dejaba de preguntarme: ‘¿Qué vamos a hacer?’”, dijo Johnson.

Momentos después, Johnson escuchó un fuerte estruendo. Su hija comenzó a llorar.

Ambas necesitarán terapia, dijo. Johnson está decidida a preservar la memoria de A’mahri: “Quiero que la gente sepa lo adorable y dulce que era mi hijo”.

Aun así, dijo: “Siento que nunca voy a estar bien”.

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Para determinar que más de 4.000 menores de 18 años habían recibido atención en hospitales de Florida por heridas de bala entre 2018 y 2024, The Trace y ýҕl Health News analizaron dos conjuntos de datos obtenidos de la Florida Agency for Health Care Administration mediante una solicitud de información:

  • En el archivo de los departamentos de emergencia, que contenía registros de 67.565.314 visitas a salas de emergencia que no resultaron en una hospitalización, identificamos 37.415 casos de heridas de bala utilizando la de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
  • En el archivo de pacientes hospitalizados, que contenía registros de 21.857.664 visitas hospitalarias en las que los pacientes fueron internados, identificamos 28.149 casos de heridas de bala utilizando la definición de los CDC.

Definimos como niños a las personas de 17 años o menos y filtramos la columna correspondiente a la edad de los pacientes. Así determinamos que 2.340 menores habían recibido atención en salas de emergencia y 1.684 habían sido hospitalizados por heridas de bala. Para evitar contar dos veces a una misma persona, excluimos del archivo de emergencias a los pacientes cuyos registros indicaban que habían sido trasladados a otro centro para su hospitalización.

Los desgloses demográficos se elaboraron utilizando las columnas de raza y origen étnico de los conjuntos de datos.

Para examinar la distribución geográfica del impacto de la violencia armada, agrupamos a los menores con heridas de bala según el código postal proporcionado.

Es importante señalar que este código postal corresponde al lugar de residencia del menor, no al lugar donde ocurrió el tiroteo. Un pequeño número de niños tenía códigos postales de otros estados o códigos utilizados para indicar que no tenían vivienda o provenían de otro país. Estos menores están incluidos en los totales estatales de niños atendidos en hospitales de Florida, pero no en los resultados por código postal.

Estos datos no incluyen a los niños que recibieron disparos pero murieron en el lugar de los hechos o antes de llegar al hospital, ni a aquellos que nunca recibieron atención médica.

ýҕl Health News data editor Holly K. Hacker contribuyó con esta investigación.

Este artículo fue producido por ýҕl Health News, The Trace, Action News Jax en Jacksonville y WFTV en Orlando.

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